CAMBIOS
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EL CHARRO: ¿SÍMBOLO DE LO MEXICANO?
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Por Hiram Barrios
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En épocas en que se requieren símbolos para unificar la división ideológica, los héroes pretéritos se revisten de significado, se llenan de virtudes dignas de ensalzarse o, simplemente, surgen de la nada figuras representativas que intentan satisfacer un vacío iconográfico. Brotan nuevos emblemas, se remplazan o renuevan pasajes de nuestra historia, o se plantea la “mexicanidad” por medio de actitudes y conductas encasillables en algún símbolo. (Piénsese, por ejemplo, en las discusiones que hace no mucho desató el escudo juarista que el gobierno de López Obrador ostentaba). |
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Así ha surgido la imagen de “El Charro” como símbolo de “lo mexicano”, como figura que encarna al héroe de entre los personajes populares. Por supuesto la figura de “El Charro” no es una proyección fidedigna de los valores o la idiosincrasia de nuestro pueblo; al contrario, el personaje es una imposición de la facción vencedora que, tras la Revolución, encontró en este personaje los medios para promover sus valores y, principalmente, para justificar algunas de las acciones del cacicazgo de las década de los ’20 y los ‘30.
El charro es, en principio, el hacendado, el terrateniente que tiene a su mando una cofradía de servidores, casi todos de prosapia indígena. Los valores que expresa “El Charro” dentro del discurso social son tanto el coraje por la injusticia –que lo obliga a velar y defender los derechos de los suyos—, como el liderazgo innato siempre al respeto de las instituciones religiosas. De manera vedada se pretende justificar la desigualdad social de la época porfiriana, asimismo la presencia del cacique en un esquema jerárquico que lo valida por “sus acciones” hacia el pueblo. Se intenta fraguar una imagen que logre identificar a los mexicanos y al mismo tiempo encubra las injusticias sociales.
Allá en el Rancho Grande (Dirección de Fernando de Fuentes, 1936) es acaso el primer melodrama ranchero en que la figura de “El Charro” muestra las características típicas de la que será su conducta en el Cine de Oro: en la película la relación entre los protagonistas, Felipe y su caporal Martín, se ve amenazada por una serie de enredos y malentendidos alrededor de la virginidad de Crucita, una joven campesina de la que Martín está enamorado. Las equivocaciones se van resolviendo entre coplas, bailes y canciones, perfilando así la comicidad, el machismo, la valentía y la vida de aventuras de los charros.
El personaje gana importancia dentro del cine nacional promoviendo una imagen externa de lo que se supone mexicano, es decir, una semblanza de los valores de nuestra gente una vez que ha concluido la lucha revolucionaria. El personaje aparece en pantalla bajo la jocosidad de Jorge Negrete, el ingenio de Pedro Infante o Abel Salazar, o los cantos amorosos de Luis Aguilar.
El charro fílmico ha sido el estereotipo internacional del clásico macho mexicano y aunque para un estudio sociológico, psicológico y hasta antropológico, los personajes emblemáticos de nuestro cine, por su pobreza formal y por la trivialidad de sus contenidos, muestren una fría revelación de nuestra condición nacional, se debe considerar que construcciones como ésta no son más que artificios del poder con fines últimos de unificación y justificación gubernamental. El discurso oficial, empeñado en crear una personalidad “propia” entre los mexicanos, y presuroso por fomentar iconos que constaten su importancia, se ha apropiado del imaginario colectivo a través de los medios de comunicación masiva (radio, televisión o prensa escrita) y el sentido de la historia –de “su historia”— termina por explicarse a la luz de una manipulación, a partir de las simpatías y diferencias ideológicas que el grupo en el poder desea exornar.
Cabe preguntarse por la legitimidad de los símbolos que configuran nuestra supuesta identidad; poner al descubierto realidades sociales que superan la ficción y que nos obligan a cuestionar en papel de “lo mexicano” en el marco de nuestras expresiones culturales.
Imagen extraída de http://www.mastaphoto.mx/blog/wp-content/uploads/2011/09/DSC05123.jpg |
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